25/01/2010
DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA
DE LA SERVIDUMBRE VOLUNTARIA
AL SURGIMIENTO DE LA NUEVA CLASE OLIGARQUICA

Hugo Oscar Ambrosi
25 de enero de 2010
Un viejo amigo me escribe en tono de confesión sus vivencias, después de haber participado activamente como legislador en la vida política del país en los últimos 40 años.
Sus preocupaciones las ordena en tres grandes grupos, que se refieren en conjunto a lo que suele llamarse la agenda pública. En primer lugar señala nuestro problema con el pasado que no termina de pasar. Después se refiere a la falta de políticas de estado, que le den un rumbo definido a la marcha del país. Finalmente y, como consecuencia tal vez, menciona la ausencia, en el discurso y en el debate, de los grandes temas que determinaran nuestro futuro, como educación, medio ambiente y energía.
Quiero añadir algunas reflexiones a las suyas. En primer lugar revisando el rol de la dirigencia, a la que él se refiere especialmente y a la cual se le reclama con justo derecho, haber dilapidado oportunidades y precipitado crisis recursivas en nuestra historia.
En primer lugar consideremos quienes la integran y qué origen tienen, aquellos a quienes hace algunos años, la gente salió a la calle pidiendo “que se vayan todos”, en gesto de cansancio desesperado.
Naturalmente que no se fueron. En realidad no se fue nadie. El único anotado para irse acaba de volver, sin haberse ido. ¿Por qué?
En ese lugar hay que buscar las razones de nuestro estado actual. Porque volvieron y fueron millones (de votos..). ¿Qué pasó? ¿Como un presidente ser elegido con poco más del 20% de los votos y terminar siendo popular?
No se trata solamente de la dirigencia política, que pasa por la prueba periódica del voto, blindada en las listas sabanas. La dirigencia gremial es una galería de vetustos trabajadores devenidos en gerentes de obras sociales, financistas y empresarios de la construcción.
En todos esos sectores se ha ido imponiendo el carácter hereditario de los cargos. La herencia del poder por delfines consanguíneos, como en la mejor tradición cortesana.
Entonces la república, de ciudadanos iguales, fraternos y libres, se transforma en una oligarquía dominante sobre una población sometida. ¿Cómo es posible? ¿Como se pueden perder las virtudes republicanas y corromperse en una concentración del poder, en la exacerbación de la desigualdad, en la violencia verbal y física, en la pérdida de la libertad “para”, que es la única libertad creativa y verdadera?.
Hace más de 400 años, esa oligarquía tiránica, en una república electiva, fue descripta por Etienne de la Boetie en su discurso “Sobre la servidumbre voluntaria”:
Ni la caballería, ni la infantería constituyen la defensa del tirano. Cuesta creerlo, pero es cierto. Son cuatro o cinco los que sostienen al tirano, cuatro o cinco los que imponen por él la servidumbre en toda la nación. Siempre han sido cinco o seis los confidentes del tirano, los que se acercan a él por su propia voluntad, o son llamados por él, para convertirse en cómplices de sus crueldades, compañeros de sus placeres, rufianes de sus voluptuosidades, y los que se reparten el botín de sus pillajes (...) Estos seis tienen a seiscientos hombres bajo su poder (...) Estos seiscientos tienen bajo su poder a seis mil, a quienes sitúan en cargos de cierta importancia, a quienes otorgan el gobierno de las provincias, o de la administración del tesoro público, con el fin de favorecer su avaricia y su crueldad (...) Extensa es la serie de aquéllos que siguen a éstos. El que quiera entretenerse devanando esta red, verá que no son seis mil sino cien mil, millones los que tienen sujeto al tirano y los que conforman entre ellos una cadena ininterrumpida que se remonta hasta él.
En suma, se llega así a que, gracias a la concesión de favores, a las ganancias, o ganancias compartidas con los tiranos, al fin hay casi tanta gente para quien la tiranía es provechosa como para quien la libertad sería deseable (...) No es que no padezcan ellos mismos de la opresión del tirano, sino que esos malditos por Dios y por los hombres se limitan a soportar el mal, no para devolverlo a quien se lo causa a ellos, sino para hacerlo a los que padecen como ellos y no pueden hacer nada.
Esa perversa telaraña mantiene atrapada a la sociedad, y sus hilos pegajosos pueden ilustrarse observando cómo se gastan los dineros públicos y como se beneficia a los amigos y se reprime a los enemigos.
Para que la red se afiance y fortalezca son necesarias reelecciones ilimitadas de intendentes, gobernadores y hasta de presidentes. El sistema se reproduce de esa manera interminablemente.
A los prisioneros de la telaraña se les recrimina si se atreven a hablar de política. Porque eso solo lo pueden hacer los que mueven los hilos. Como si hablar de política y actuar según esas ideas, no fuera la razón de ser de la república y de la condición de ciudadano.
Estamos en presencia de una antigua e inacabable lucha, que anida en lo profundo de la naturaleza humana, entre la moral y la política. ¿Cuál de ellas prevalece?. Moro pensaba que la moral podía determinar a la política y ubicó a Utopía en el nuevo continente. Maquiavelo, quiso remediar los males de la república e imaginó consejos pragmáticos para el príncipe o sea para el poder, que para sostenerse no debe ser ni bueno ni malo. Inventando la razón de estado.
Pero La Boetie remarca que si no fuera por las flaquezas morales de los súbditos el tirano no tendría cómplices para sus abusos.
Cuantas veces escuchamos que son razones políticas las que justifican atentados a la moral, razones de estado que nadie devela, pero que se toman como excusa y justificación.
El mal ejemplo va enfermando el alma de los pueblos y es muy arduo cambiar esa fatalidad. Hay que refundar la educación y para eso hacen falta maestros que vuelvan a ser apóstoles, como se sentían los de la tradición sarmientina y no solo trabajadores de la educación. Pero hacen falta sobre todo ejemplos. Conductas ejemplares que se construyan haciendo lo que se debe y no solamente lo que conviene. "Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos" (Mt. 7, 12).



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