28/11/2009
NADA QUE DECIR
NADA QUE DECIR

Luis Juez juró como senador nacional por Córdoba. Minutos después de hacerlo declaró ante los periodistas: “Cuando estuve ahí adentro (por el recinto) parecía Jurassic Park, están acá desde hace muchísimos años. No sé cuánto voy a aguantar, porque acá todos desayunan con bronce”.

“Si va a decir todo el tiempo este tipo de pelotudez es mejor que esté poco tiempo”, advirtió un senador que lleva más de un mandato en la Cámara alta.

Juez confunde muchas veces simpatía con ridiculez. La simpatía es innata, espontánea y, a veces, hasta graciosa. Ridiculez, en cambio, es una extravagancia que mueve o puede mover a risa. Aclara el diccionario de la Real Academia Española la palabra ridículo: “Escaso, corto, de poca estimación y poco aprecio”.

Pertenecer a la nueva política, de la que Juez es uno de sus afiliados fundadores, no significa edad determinada ni permanencia en un cargo. Es una cuestión de actitud, de comportamiento, de vocación y compromiso con la sociedad. Es, sobre todo, honradez y decencia.

En esta columna hemos dicho hasta el cansancio que no hay nueva política ni vieja política, hay buena o mala política.

Si sirve un ejemplo ahí va: Edward Kennedy representó al estado de Massachusetts durante 47 años en el Senado norteamericano. No hubo ningún senador que se animara a decir que Kennedy fuese un dinosaurio. Además, que se sepa, no se designó él mismo como senador sino que lo votó en infinidad de ocasiones el pueblo de Massachusetts.

Cada vez que escucho a Juez me acuerdo de lo que alguna vez dijo Mark Twain: “El hombre es el único animal que come sin hambre, bebe sin sed y habla sin tener nada que decir”.



Pacífico Innato






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