18/07/2006
PALABRAS
por Pacifico Innato

Todos saben que en el mundo diplomático el diccionario que usamos los muchachos de barrio no sirve de mucho. En ese ámbito, las palabras se pesan en balanzas milimétricas, y una misma palabra puede tener tantas acepciones como tono de voz tenga el expositor y rangos de audición tenga el oyente.
Muchas veces una palabra puede desencadenar hasta guerras, por eso nunca Adelina de Viola fue designada canciller. Hubiésemos entrado en guerra hasta con Mauritania.
Todos saben, también, que un recinto de sesiones en el Congreso nunca será sede diplomática. El calor del debate, muchas veces, lleva a los diputados y senadores a decir cosas sólo aceptadas en el ridículo horario de protección al menor, como si los chicos no putearan tanto o más que los mayores.
Sucedió el miércoles último en el Senado de la Nación. Se debatía el polémico proyecto de delegación de facultades al Jefe de Gabinete, mal llamado, según la senadora Cristina Fernández de Kirchner, “superpoderes”. Hablaba el presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda, Jorge Capitanich.
Entre el fárrago de cifras y datos estadísticos que enumeró el senador chaqueño, dijo una frase referida a la bancada de la oposición: “falacias argumentativas de carácter estructural”.
Los senadores, tanto oficialistas como de la oposición, se miraron unos a otros como preguntando “¿qué quiso decir este tipo?”. Yo también me hice la misma pregunta y me dirigí tan rápido como pude al viejo pero erudito Diccionario de la Real Academia Española. Leí:
Falacia: engaño o fraude con que se intenta dañar a alguien.
Argumentativo: razonamiento que se emplea para probar o demostrar una proposición.
Carácter: condición dada a alguien o a algo por la dignidad que sustenta o la función que desempeña.
Estructural: armadura generalmente de acero u hormigón armado que fija al suelo sirve de sustentación a un edificio.
Pensé: “¿serán los radicales de acero u hormigón armado?”, “¿habrán defraudado o engañado a alguien?”, “¿sustentan con dignidad la función que desempeñan?”, “razonamiento, ¿de qué?”.
Volví al recinto tan desorientado como antes. Justo hablaba el senador radical Gerardo Morales, que gentilmente tradujo la frase de Capitanich. Dijo el senador jujeño: “En Palpalá, en mi pueblo, falacias argumentativas de carácter estructural se dice a las mentiras”.
Mirá vos, Capitanich, diplomáticamente, estaba tratando a los radicales de mentirosos.
En realidad me entristecí, no porque los radicales sean mentirosos, sino porque el recinto, otrora receptáculo de cuantas puteadas andan sueltas, se estaba convirtiendo en sede diplomática.
Pero mi tristeza, felizmente, duró poco. Ahí nomás, a los pocos minutos, la embajada se había convertido nuevamente en un chiquero. La senadora Fernández de Kirchner se trenzó verbalmente con el jefe de la bancada radical Ernesto Sanz, hasta que la oposición se retiró de la embajada, perdón, del recinto de la Cámara de Senadores.
Pensar que su homónimo, en Inglaterra, se denomina Cámara de los Lores.

Pacífico Innato




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