05/12/2006
FRAGOTE
por Pacifico Innato



Primero fue el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, el que firmó el decreto de militarización de la zona de la papelera finlandesa Bosnia. Después le siguió la publicación de un estudio elaborado por el Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, que dirige Rosendo Fraga, sobre el poder bélico de Argentina y Uruguay.

Olvidando la academia y recurriendo al lenguaje del tablón: ¿por qué no se dejan de joder?

La relación de Argentina y Uruguay atraviesa, quizá, por el peor momento de su historia, pero no es como para que, como los compadritos de los cuentos de Borges, comiencen en las esquinas a limpiarse las uñas con el azul y resplandeciente filo de las navajas.

No hace falta reiterar lo que nos une con el país hermano, mucho más que con cualquier otra nación del mundo. Quizá exista algún resabio de bronca por una añeja final entre Peñarol e Independiente por la Copa Libertadores de América, o alguna diferencia sutil entre quién está más fuerte, si la uruguaya Natalia Oreiro o la argentina Araceli González, pero no más allá de eso.

Un no tan viejo diccionario del lunfardo rioplatense explica que la palabra "fragote" significa "conspiración, generalmente contra un gobierno", y que surge porque un viejo militar argentino de apellido Fraga (¿será o habrá sido pariente de Rosendo?) tenía por hobby conspirar contra gobiernos civiles y sembrar la semilla para posteriores golpes de Estado.

¿Estaremos frente a un nuevo fragote, tanto de uno como de otro lado del Río de la Plata?

Comparar el poderío bélico de Argentina y Uruguay es como sumar peras con manzanas o cotejar el poder naval de Argentina y Bolivia, país que hace años está bregando por tener salida al mar.

Esto de salir en los medios con un tema urticante para ambos países como es el contar soldaditos, aviones de combate y corbetas es, por lo menos, inoportuno.

Lo de Rosendo Fraga me hace acordar a un diputado que moría por salir en los medios. De noche, con pijama, gorrito para dormir y pantuflas se levantaba a tomar un vaso de agua. Abría la heladera y sonreía. Estaba convencido que al abrir la puerta y encenderse la luz estaba frente a una cámara de televisión.

La sonrisa, a veces, no tapa el ridículo.

Pacífico Innato





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