29/11/2006
AGUA


Por fin a alguien se le prendió la lamparita, aunque sea de 40 wats. Comenzó hace pocos días una campaña para ahorrar agua. El aviso, publicado en diarios, radio y televisión, explica que la gotera de una canilla representa la pérdida de una cantidad nada despreciable de litros de agua por día, un agujerito en la cañería otros tantos miles de litros.

AySA, la empresa de aguas recientemente estatizada, nada dijo, sin embargo, de los millones y millones de litros de agua que gastan por día los porteros de los edificios para baldear las veredas.

Si bien es cierto que AySA no tiene facultades para prohibir el uso indiscriminado del agua, sí puede sugerir su uso racional a los porteros. Los que sí pueden prohibirlo, a través de una ley, son los legisladores de la ciudad. Pero estos señores están muy ocupados en redactar leyes que no le interesan a nadie y poco hacen para mejorar la calidad de vida de los vecinos de la capital del país.

Alguien sumamente optimista escribió los otros días que en la Argentina "sobran oportunidades, sólo es cuestión de emprenderlas". Siguiendo este axioma un amigo está pensando seriamente en poner un kiosquito cerca de la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero no para vender golosinas, cigarrillos o sándwiches, vender muchos productos trae complicaciones con los proveedores. Piensa vender a precios promocionales cajitas con sentido común, sobre todo a los legisladores porteños.

Su empresa corre serios riesgos de ser clausurada, pues no figura en ningún listado de negocios convencionales. Falta de sentido común, también, de los inspectores municipales.

En una ciudad del interior del país (no voy a decir el nombre porque me van a acusar de promocionar su gobierno) autoriza a baldear las veredas solamente los días viernes. No sería una buena medida copiar ya que nadie estudia.

Copiar no es malo, salvo para algún retrógrado profesor de la secundaria, sobre todo cuando el resultado final no es obtener una buena nota, sino lograr un mejor estándar de vida para los que nos siguen. Nosotros no vamos a tener problemas de sed, pero las generaciones que vienen van a tener serias dificultades por la falta de agua, como las tenemos nosotros ahora con el petróleo.

Hasta guerras hay por esto, como la batalla que libró los otros días un portero con un inocente paquete de cigarrillos vacío que algún vicioso arrojó en la vereda. Este portero apuntó con el chorro de la manguera al desprevenido papelito y tardó más de 15 minutos para que el cansado y empapado paquetito cayera por fin a la calle.

El portero debió sentirse un héroe en ganar la batalla, pero sin saber que también estaba matando al mismo tiempo a mucha gente que ni siquiera todavía nació.







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