18/10/2006
*INSOLENCIA*
por Pacifico Innato

El jeep con la cureña que traslada los restos del General sube a la
autopista. En el vehículo, además del chofer y del soldado que lloró a Perón
durante su entierro en 1974, Roberto Vassie, va el sindicalista de los
taxistas, Omar Viviani. Viste de luto: traje y anteojos negros. Su cabellera
de fiesta luce un color zanahoria estupendo.
Comienza el recorrido del vehículo. Viviani levanta los brazos y comienza a
saludar con sus manos. Sonríe, a pesar de su atuendo de luto.
Alguna gente tira flores al paso del cortejo. Viviani no deja de saludar.
Tampoco de sonreír.
Una viejita llora cuando ve pasar el cajón que lleva al General. Tira una
flor algo marchita, que queda cerquita de sus pies. La fuerza es
escasa, inmensa la congoja. Viviani sigue con su fiesta de sonrisas y saludos.

Una descolorida flor, casi un yuyo, tiembla en las manos de lija de un
anciano, que también llora. Pasa el cortejo y la flor sigue en las manos
frágiles del hombre. Quizá no se animó a ofender al General con una flor tan
pobre de color. Viviani, sin embargo, sigue con la fiesta blanca de su
sonrisa y negra de su vestimenta.
En San Vicente no hay flores. Llueven piedras y balas, justo en la entrada
del mausoleo que albergará al General.
Sobra fuerza para arrojar cascotes, fuerza que carecía la viejita para tirar
la flor.
La mano que aprieta el revólver no tiembla, como temblaban las del anciano
con la flor descolorida.
Sobra la violencia y abunda la ausencia de congoja.

Perdón General, usted no se merecía tanta insolencia.

Pacífico Innato







Pacifico Innato



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