21/09/2006
ESCUELAS
por Pacifico Innato



El actual gobierno aumentó considerablemente el presupuesto educativo.
Además, está consultando a todos los sectores involucrados para elaborar una Ley Nacional de Educación para enviarla al Congreso.
Hasta aquí todo fenómeno, pero por las cosas que se ven a diario nos preguntamos si no se estará poniendo el carro adelante del buey.
La cartera de educación, en forma loable, está gastando o invirtiendo, si se prefiere, mucha plata en folletos y publicidad en los diarios preguntando a la población ¿qué educación quieren los argentinos? Claro que no es necesaria ninguna encuesta para saber que antes de enganchar el carro el buey tiene que estar bien comido y bien bebido.
Vemos todos los días en los diarios y en la televisión que en determinada escuela se suspendieron las clases porque se inundaron las aulas. En otra, unos techos analfabetos se vinieron en banda sobre inocentes criaturas que sólo quieren aprender a leer y escribir. Ni hablar de algunas aulas que funcionan en conteiners que, por supuesto, fueron construidos para contener mercaderías y no almas vírgenes, con ausencias de ventanas indiscretas para la vista de los inspectores de aduanas.
Ahora se conoció un informe, que dio a conocer el Defensor del Pueblo Adjunto de la Ciudad de Buenos Aires, que señala que en la Capital Federal más de 5000 niños se registran en “lista de espera” por falta de vacantes en jardines maternales, escuelas infantiles y jardines de infantes, y 418 para preescolar. Destaca el funcionario que “el nivel inicial es el único que no puede volver a cursarse una vez superado el límite etáreo,
delineando iguales o desiguales puntos de partida en la biografía escolar de los alumnos”.
La futura Ley Nacional de Educación podrá ser excelente, brillante, inobjetable. Sus contenidos podrán estar a la vanguardia de la pedagogía moderna, pero si no se tienen edificios escolares adecuados el esfuerzo habrá sido inútil.
¿Es tan difícil poner un buey delante de un carro?, salvo que el marketing político-electoral indique que Sarmiento dio clases en una escuela de paredes de barro y techo de paja. Es cierto, eso fue en San Francisco del Monte, en la provincia de San Luis, en el siglo XIX.
Estamos en el siglo XXI y Sarmiento era un ignorante: no tenía computadora ni nunca ingresó a Internet







Pacifico Innato



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