14/04/2015
Palabras
por Lamberto Oscar

Palabras

Cuando nacemos, venimos con un ADN que nos marca como un ser que arrastra una herencia genética, con huellas digitales que nos identifican, nos ponen un nombre y nos anotan en un registro, que si no decidimos cambiar de sexo, será hasta que en el mismo registro anoten nuestra muerte.
Con ese nombre y esa identidad crecemos, transitamos por la vida, con mas o menos éxito, según algunos patrones aceptados para medir el éxito, hasta que un día partimos y nos convertimos en un recuerdo, en general bastante efímero, excepto para algunas personas que nos quisieron en serio.
Algunos serán más recordados que otros y también por más tiempo, pero finalmente también caerán en la indiferencia o en el olvido.
El olvido es curativo, por eso nuestra mente recuerda algunas cosas, incluso maquilla algunos recuerdos y a lo largo de nuestras vidas los recuerdos son como fotos aisladas pero jamás recordamos la película entera.
Incluso esa fotos imaginarias a veces nos cuesta reconocerlas como propias. A tal punto que a veces me llego a preguntar, si realmente somos siempre la misma persona o vamos mutando con los años.
Todas las circunstancias que nos rodean modelan nuestra forma de ser, la familia, los amigos, la escuela, el barrio, el trabajo, la profesión, las creencias religiosas, y también el espacio tiempo en que se desarrolla nuestra vida.
La sabiduría popular dice que lo único que no cambia a lo largo de una vida es el equipo de fútbol que uno elige en la niñez, todo lo demás se va modificando, las relaciones de pareja, las creencias filosóficas, políticas y religiosas, los empleos, los lugares que se frecuentan hasta los hábitos alimentarios.
Con los años se aprende que no hay nada para siempre, que al final todo se pierde, aunque sea difícil aprender a despojarse de las cosas materiales y de las efímeras vanidades incorporadas a lo largo de una vida.
Desde mi paso por la escuela secundaria, hace mas de cincuenta años, he adquirido el hábito de escribir, algunas cosas fueron publicadas y otras quedaron como borradores guardadas en algún cajón, en general nunca las vuelvo a leer y las pocas veces que lo hago, muchas de ellas, me resultan totalmente extrañas como si pertenecieran a otro.
Seguramente expresan las vivencias de cada momento y requieren recordar el contexto en que fueron escritas para comprender su significado, o son tan malas que no vale ningún recuerdo.
Este cambio permanente, lo describen los poetas " nosotros los de entonces, no somos los mismos" y los filósofos " " nadie se baña dos veces en el mismo río ".
El cambio que se provoca con el paso del tiempo, no es solamente en el aspecto físico, también se producen en nuestro pensamiento inclusive en nuestros afectos.
El amor a otra persona no es un dato , es una construcción permanente, cuando se vive muchos años con una persona, sino hay una recreación constante de la relación, esa relación en algún momento muere.
El don de la palabra y la construcción del lenguaje, son el plus que los humanos tienen sobre el resto de los seres vivos. El lenguaje es lo que permite hacer mas perdurable una relación, más allá del instinto o de la química.
El hablar permite ponerle nombre a emociones y sentimientos, amor, odio, perdón , libertad, justicia, serían muy difícil, sino imposible, de expresarlas sin las palabras que lo nominan.
Aprender sentir y hablar en tiempo presente, nos hace que cada momento de nuestras vidas sea único e irrepetible, y ya no importa si las sumas de las partes son un todo, nos libera de cualquier condicionante de un tiempo pasado, así fuera glorioso, frustrante u humillante, porque nada de lo que hagamos hoy, puede cambiar lo que hicimos o dejamos de hacer o nos hicieron.
Somos una insignificancia en los espacios infinitos, pero existimos en la inmediatez de la vida, y en el paso de esa estrella fugaz, que es la existencia de nuestra especie en el universo, podemos construir algunos momentos especiales, muy breves, que en el uso del lenguaje alguien los llamó felicidad.



Solo algunos pocos llegan a ser iluminados, pero todos tenemos algún momento de extasis, la caricia de un bebe, el beso de la persona amada, una puesta de sol en el campo, el gol en el minuto noventa, el vuelo de una pelota de golf, aprobar la ultima materia, un cielo estrellado en una noche de verano. Son tan solo momentos , pero esos momentos forman la cadena de la vida , que reparan los daños, ayudan a curar los dolores, son incentivos para levantarnos en cada caída .
Esa sucesión de avances y retrocesos , de éxitos y fracasos, es el largo proceso de aprender a vivir, y del que siempre quedan materias pendientes.



Lamberto Oscar


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