05/07/2006
Matar a Perón
por Lamberto Oscar

La historia siempre es una, pero de sus hechos existen tantas versiones como historiadores se propongan contarla. Esto es así por diversas razones, desde defectos técnicos en la forma de recolección de la información, la tradición oral esta sujeta a las interpretaciones de cada trasmisor, cuando se basa en documentos, dependerá de la autenticidad de los mismos, como se los leen y de que manera se llenan los espacios cuando faltan las pruebas, pero también se escribe historia a partir de visiones ideológicas algunas de buena fe y otras con un claro sentido de manipulación del pasado.
La historia juega un rol tan importante en las relaciones políticas, que siempre hay alguno que trata de acomodarla a sus intereses del presente.
George Orwel en su novela 1984, narra como en su imaginario país se cambiaba constantemente los hechos de la historia de manera que el pueblo no tuviera ninguna memoria.
El General Bartolomé Mitre, redactor de la llamada historia oficial, escribió su visión del siglo XIX que por muchos años se repitió sin análisis ni discusión en nuestras escuelas y que cuyo eje central era la defensa de los intereses de su partido y de su clase.
Con otro enfoque pero igualmente parcializados existen hoy historiadores sumamente promocionados, que con un áurea de izquierdismo “progre”, hacen lo mismo que Mitre, descontextualizan los hechos del pasado para acomodarlo a sus creencias.
El peronismo y en especial la figura de Juan Domingo Perón, fue siempre objeto de interpretaciones destinadas a descalificarlo, con el fin último de erradicar definitivamente su figura y su pensamiento de la mente de los argentinos.
Con Perón lo intentaron todo: lo quisieron matar bombardeando la plaza de mayo, lo condenaron al exilio, lo proscribieron, prohibieron su nombre, quemaron sus libros, arrancaron sus bustos, lo degradaron como militar, lo llenaron de causas judiciales, le inventaron conductas perversas.
Tuvo la suerte de verse reivindicado antes de morir, como Presidente de los argentinos, con el grado de Teniente General, y rodeado del cariño de su pueblo.
Pero con la muerte física todavía quedaba vivo su pensamiento. Que también quisieron matar, primero el proceso militar, destruyendo su obra y condicionando con la deuda externa y con las muertes de los jóvenes militantes a los gobiernos democráticos que les sucederían.
Luego viejos gorilas devenidos en modernos neoliberales soñaron con cerrar definitivamente el ciclo de Perón, y hasta aceptaron que alguna calle tenga su nombre.
Hoy aparece una historiografía supuestamente progresista, que de nuevo como si fuera una venganza del pasado, vuelve a la carga, esta vez apuntando a destruir la naturaleza misma del movimiento, apelando al uso de formas de organización política practicadas en otros países pero que aquí llevarían a una ruptura irreparable del peronismo.
Históricamente en cada ataque que sufrió nuestro movimiento los anticuerpos funcionaron de inmediato, cuando quisieron apropiarse del peronismo el viejo General dijo”no somos sectarios ni excluyentes pero tampoco somos tontos”.
Millones de menciones a Perón en Internet, cada día aparece un nuevo libro, se preparan tesis universitarias, o se editan revistas sobre los gobiernos y el pensamiento del peronismo, existen escuelas e institutos de formación, todo lo cual indica una gran ebullición en nuestras filas, habla de un movimiento que se recrea, que más allá de algunas situaciones electorales recientes, mantiene su identidad porque son muchos los que cuidan su memoria e impiden matar a Perón.




Lamberto Oscar
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