30/01/2007
Paradoja
por Lamberto Oscar

Cualquier viajero que recorra la zona pampeana no podrá menos que asombrarse de las esplèndidas cosechas de soja y maíz que tiñen con distintos tonos de verde toda la geografía cubierta con sembrados.
También podrá comprobar la existencia de modernas y sofisticadas máquinas utilizadas para la producción agraria y un parque automotor formado por los últimos modelos de las camionetas más caras y confortables.
Todo indica el excelente momento económico que atraviesa nuestro campo. Hecho que también se verifica en el embellecimiento de los pueblos y ciudades enclavados en la región, con la construcción de viviendas o remodelación de las existentes que han generado un verdadero boom inmobiliario.
A tal punto que en las ciudades del interior casi no existe desempleo y hay una demanda creciente de técnicos y expertos en los más variados oficios. Además del resurgimiento de toda la industria metalmecánica que abastece al campo y gana mercados en el exterior.
Paradójicamente este sector es el que manifiesta más encono con la política del gobierno y la expresa con paros, cortes de rutas y levanta tribunas con fuertes críticas.
El centro de las desavenencias está en las retenciones a las exportaciones y en la política ganadera, los productores consideran un despojo, que se les limiten los precios de sus productos para favorecer a otros sectores de la sociedad.
Estas complejas relaciones devienen de los cambios en la política económica, que en el marco de precios internacionales altos, combinada con un tipo de cambio mayor que el valor de mercado, provoca una brutal transferencia de riqueza a favor del sector agropecuario en detrimento de los sectores de ingresos fijos.
Para atemperar estos efectos el gobierno apela a impuestos sobre las exportaciones, a congelar tarifas, a mantener sin variaciones el precio de los combustibles, pese a las alzas del mismo en los mercados internacionales, impulsando también la suba de los mínimos salariales y previsionales.
De hecho existe una activa participación estatal en los mercados, algunas que favorecen al sector agropecuario y otras que lo perjudican, pero que tratan de mantener un adecuado equilibrio social.
La piedra angular del modelo es el tipo de cambio alto, sostenido con intervenciones del Banco Central, el conjunto de las restantes intervenciones es una derivación de esta decisión.
Seguramente si el Banco Central dejara flotar libremente la moneda, la misma caería en un tercio, habría que reformular la política fiscal, eliminar subsidios a los trasportes, la energía y otros servicios públicos con el correspondiente impacto en los precios. El resultado final, sería sin duda, menores ingresos para el sector agrario.
En toda esta confusión queda entrampado el productor de carnes, que entre precios máximos y costos internos crecientes, disminuye la producción, pasándose a la agricultura, hecho que puede tener consecuencias preocupantes para el abastecimiento en poco tiempo.
Si para evitar los efectos de la concentración económica, producto del libre mercado, el Estado intervine, es fundamental que cuente con la adecuada información del funcionamiento de todos los sectores, que haya diálogo, control por oposición de intereses y racionalidad en las decisiones, para que no aparezcan las patologías, como el mercado negro, los sobreprecios o el desabastecimiento.






Lamberto Oscar
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