24/01/2007
Muertes
por Lamberto Oscar

Las noticias más destacadas, desde el comienzo del verano, son las muertes por accidentes en las rutas, por asaltos y riñas barriales.
El número de muertes evitables es altísimo, si se compara con las crónicas de la guerra en Irak, dónde la cantidad de víctimas que se denuncian diariamente, no son muy distintas de las que ocurren en nuestro país en medio de la bonanza económica y de una temporada de turismo muy exitosa y casi sin precedentes.
Por cada causa de muerte existen todo tipo de explicaciones, pero muy pocos resultados a la hora de aplicar políticas correctivas.
Sin duda el fuerte crecimiento económico ha puesto mayor cantidad de autos en circulación, con una red vial, que a pesar de importantes inversiones, sigue siendo insuficiente para la cantidad de vehículos que las transitan.
El crecimiento no llega a todos los sectores por igual y la brecha social sigue inalterada. Su mayor expresión quizás sea el nivel de educación, que comienza a ser un problema alarmante, tanto por los números de la deserción escolar como por la mala calidad de la escuela.
Salvo honrosas excepciones y para determinadas elites, el nivel del aprendizaje esta en caída libre, y como es en la educación dónde se cimenta una sociedad, si esta es mala, inadecuada o inexistente, los resultados se verán en todos los actos de la vida cotidiana.
Aunque las muertes aparecen con causas aparentemente muy distintas, a poco que busquemos las razones profundas veremos el poco valor que le otorgan a la vida, independientemente de la clase social, las generaciones más jóvenes.
Este subproducto cultural, se expresa en el ocio, el consumo de alcohol y la droga. La causa principal de muerte de personas menores de treinta y cinco años son los accidente de tránsito, los asaltos seguidos de muerte son en su mayoría perpetrado por jóvenes. La población carcelaria tiene en promedio menos de veinticinco años.
Demás esta recordar, que desde la televisión, no son pocos los programas que alientan estas formas de comportamiento, a veces de manera tan desembozada, que pareciera que son los propios narcotraficantes los que los patrocinan.
Los cambios de conducta en una sociedad siempre obedecen a más de una causa, la revolución tecnológica no es ajena, y quizás sea la más importante, pero también el divorcio entre quien enseña con quien necesita aprender, esta fabricando millones de seres condenados a la exclusión.
Esta realidad social pareciera estar ausente, en los análisis, que sobre estos problemas realizan por los medios masivos, supuestos expertos que basan sus propuestas correctivas en acciones sobre las consecuencias, mayor represión con fuertes sanciones. Pero resulta obvio, que a quien desprecia el valor de la vida, no lo va amilanar con la existencia de normas más rigurosas




Lamberto Oscar
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