28/10/2006
La culpa la tuvo Pedro de Mendoza
por Lamberto Oscar

Nunca pudo imaginar don Pedro de Mendoza que las vacas y los caballos que trajo al Río de la Plata iban a tener tanta influencia en la cultura popular y en nuestra economía.
Abandonados a su suerte por la fuga de los conquistadores al Paraguay, los animales no pararon de reproducirse, y comenzaron a ser alimento, abrigo, movilidad y más tarde mercancía, fundamentalmente el cuero.
La cacería de animales sin dueño, el mestizaje con razas europeas, los mercados del tasajo, fueron los motores de las estancias que poblaron los territorios de lo que hoy es la República Argentina.
Estancias, saladeros, frigoríficos, ferrocarriles, economía abierta, constituyeron la infraestructura de un país que ranqueaba entre los diez mas ricos al comienzo del siglo veinte, aunque con la riqueza concentrada en seis mil familias.
Son muy pocas las cosas que quedaron en pie de ese modelo de producción, pero la carne vacuna desde entonces ha tenido una incidencia superlativa en la vida de los argentinos.
Es el principal componente de la dieta alimentaría, el patrón de los precios de los alimentos sustitutos y desde hace décadas, cuando su precio sube, desvela por igual al gobernante y al ama de casa.
Hoy estamos viviendo uno de esos recurrentes episodios. Se hacen reuniones, suben el tono de las declaraciones, y gran parte de la población se angustia con los nuevos precios.
Con el peso sobrevaluado era mal negocio exportar, un día apareció fiebre aftosa y el país fue sancionado, toda la producción destinada al mercado interno produjo la caída de los precios, aumento la matanza de vientres, y los productores cambiaron sus campos de pastoreo por un producto más rentable, la soja fue quitándole espacio a la ganadería, y se redujeron los stocks.
Con la devaluación exportar volvió ser negocio, un plan de vacunación masiva termino con la fiebre aftosa se abrieron nuevos mercados y con la salida de la crisis se recupero el ingreso de la gente y aumentó el consumo en mayor cantidad que la producción, y por esa regla inexorable de la economía, cuando la demanda es mayor que la oferta, los precios suben.
Para bajar los precios hace falta aumentar la oferta o bajar la demanda, cualquier medida es de alto costo. Aumentar la oferta por mayor producción es solo posible en el mediano plazo, porque se requiere un proceso complejo de pariciones, cría y engorde con plazos impuestos por la naturaleza, otra medida tremendamente costosa fue reducir las exportaciones, por la pérdida de mercados que ello implica. Los intentos de intervenir para fijar precios tienen en la historia una cadena de fracasos, demostrando lo poco que sirven las vedas, los valores máximos o los acuerdos de sectores. La dispersión en los lugares de abastecimiento hace muy vulnerable el sistema de controles.
Igualmente complejo es actuar sobre la demanda, porque hay una actitud cultural de nuestro pueblo respecto del consumo de carne, y porque cuando se orienta el abastecimiento a productos alternativos, se produce el aumento de estos precios, lo que hace que la gente vuelva a la carne.
Mientras el ciclo ganadero se recupera, de no mediar un cambio en la actitud de los consumidores, vamos a vivir un proceso de picos de precios con periodos de amecetamiento, con tensiones en el índice respectivo. En tren de buscar culpables de estos desajustes, no faltara quien quiera echarle la culpa a don Pedro de Mendoza.




Lamberto Oscar
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