11/10/2006
BRASIL
por Lamberto Oscar

El año pasado fui invitado por una Comisión del Parlamento de Brasil para integrar un panel sobre deuda externa. Llegue a Brasilia en medio de una gran convulsión política, con graves acusaciones sobre corrupción en el Estado, y con la renuncia de altos funcionarios.
Ruidosas manifestaciones de repudio, encabezadas por los partidos de izquierda, desfilaban frente al edificio del parlamento.
En los corrillos políticos había mucha preocupación y grandes interrogantes sobre el futuro del gobierno, pero el plato fuerte vino a la noche en una cena a las orillas del lago artificial que tiene la ciudad.
Los comensales eran todos militantes del partido de gobierno de distintas regiones, cuadros, legisladores, periodistas, unidos por una gran decepción y con mucha bronca, a tal punto que una mujer que había estado varios años en las cárceles de las dictadura dijo “mejor Cardozo, por lo menos sabemos quien es nuestro enemigo”.
Con mi experiencia dentro del Peronismo me atreví a opinar, que era incomprensible que después de treinta años de luchas para llegar al poder, ante un primer problema, que se repite en casi todos los gobiernos del planeta, plantearse posturas tan rupturistas como las que allí se manifestaban.
Uno sólo de los participantes de la reunión me dio la razón y me vine con la sensación que la pelea con Lula era definitiva.
Cuando llegó la primera vuelta por la elección presidencial con un resultado sorprendente donde un candidato de la oposición supera el cuarenta por cientos de los votos, y una escisión del P.T. logra el siete por ciento y fuerzan al presidente a ir a una segunda vuelta para alcanzar su reelección pude comprobar que aquellas sensaciones devinieron en certezas.
El mapa electoral de Brasil que quedó dibujado cuando se abrieron las urnas señala como los más pobres y los más ricos votaron según sus intereses y como una parte de la izquierda según sus humores barnizados de posiciones ideológicas.
Encuestadores y opinologos se equivocaron, todos aseguraban una cómoda victoria del Partido de Gobierno, y en la realidad es que aunque logre el objetivo en la segunda oportunidad su poderío aparece como bastante licuado.
Una vez más ha quedado demostrado que en las democracias modernas la gente decide su voto en los días previo a la elección e incluso cambia votos decididos dejando en claro que no hay adhesiones eternas.
Un viejo caudillo peronista de un pueblo de interior, Don Alejo Gabatorta, decía que en política no hay que dejar heridos, porque siempre es más fácil hacer perder una elección que hacerla ganar




Lamberto Oscar
25/07/2009 » 25 de julio 1946- mensaje Evita Mujeres Argentinas
30/03/2007 » TRANSPARENCIA, EFICICIENCIA Y MENTIRAS
20/03/2007 » Las Guerras Imperiales


Por palabra clave:

Fecha desde:

Fecha hasta: