11/06/2006
Cuidado con los impuestos
por Lamberto Oscar

El impuesto es la parte que cada ciudadano resigna, de su consumo, su renta o su patrimonio para sostener al Estado. A cambio de esta contribución se espera vivir en un territorio correctamente protegido, con seguridad interior, con caminos transitables, donde se protejan y se puedan ejercer los derechos individuales, acceder a una vida digna, donde se pueda trabajar, estudiar, curarse y retirarse a disfrutar de la vejez cuando ya no se tiene condiciones físicas para trabajar.
El Estado debe garantizar el ejercicio de todos los derechos que consagre la Constitución del país.
Si se administra bien siempre existe una correlación entre lo que se paga como tributo y lo que se recibe como servicios, así en un país dónde nadie quiere pagar impuestos no es válido que se le exija al gobierno de turno que preste buenos servicios. Tampoco se pueden recaudar impuestos sin dar nada a cambio porque en algún momento la gente deja de pagar.
La parte que cada sociedad destina al sostenimiento del Estado depende de sus tradiciones, del sistema político, de la valoración de lo público, pero nunca es ilimitada, de manera que cuando se rompe el equilibrio, entre lo que se está dispuesto a pagar y lo que pretende recaudar el poder administrador sobrevienen los problemas y los conflictos.
Durante la edad media, en Europa, cuando moría un rey había que reemplazarlo rápidamente, porque los contribuyentes mataban a los recaudadores que tenían dependencia directa con el rey, y al que consideraban responsables de todas las arbitrariedades en materia fiscal.
El mal uso de los impuestos fue causal de hechos históricos trascendentes, uno de los detonantes de la Revolución Francesa fue un impuesto al pan, en la revolución que trajo la independencia de Estados Unidos fue el impuesto al té.
Para evitar el uso discrecional de los impuestos, los Estados modernos, con división de poderes, le atribuyen al Parlamento la facultad exclusiva para crearlos y modificarlos.
En muchos países, entre ellos el nuestro, existe una vieja costumbre de eludir su pago no cumpliendo con la ley, pasando por algunos momentos, en medio de la crisis, donde se vivió una verdadera rebelión fiscal.
Desde hace tres años se experimenta la existencia de un extraordinario superávit fiscal, consecuencia de varias causas, cambio de los precios relativos con la salida de la convertibilidad, nuevos impuestos de difícil evasión, eliminación de las indexaciones y mejora en la administración fiscal.
Esta realidad auspiciosa para el gobierno, soporta la demanda de distintos sectores por correcciones, algunas más justificadas que otras, los productores agropecuarios quieren eliminar las retenciones a las exportaciones, los empresarios el impuesto a cheque, los trabajadores en relación de dependencia quieren que aumente el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, los pequeños propietarios reclaman no pagar el impuesto a los bienes personales, también existen pedidos para reducir la tasa del IVA y reclamos diversos en las provincias y municipios.
De hecho es imposible atender todas las demandas y mantener el superávit, pero quizás sea el momento de una revisión integral del sistema tributario, que mantenga los niveles de recaudación pero distribuya las cargas de otra manera.
Los índices oficiales de distribución del ingreso muestran que gran parte de la población tiene ingresos insuficientes, la política fiscal correctamente diseñada es una herramienta útil para mejorar el reparto de la riqueza.




Lamberto Oscar
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