12/06/2006
¿Un nuevo mapa económico del mundo?
por Lamberto Oscar

Existe una copiosa información sobre el diseño de una distinta organización planetaria en la producción y en las transacciones comerciales.
La irrupción de China e India como potencias industriales, esta marcando un nuevo diseño de los flujos de mercaderías, donde el crecimiento de sus economías y los volúmenes de producción a precios competitivos les permiten ganar los mercados occidentales.
Ya hay quien hace proyecciones lineales sobre el futuro planteando una nueva división internacional del trabajo, donde Estados Unidos y parte de Europa, tendrían la supremacía de la industrias tecnológicas, el Oriente se quedaría con las industrias clásicas y América Latina sería la productora de alimentos del planeta.
Si bien nunca los hechos de la historia son predecibles en su totalidad, existen razones de peso que permiten prestar atención a estas visiones de la realidad.
Las diferencias salariales, menores exigencias medioambientales, facilidades fiscales, produjo una mudanza masiva de empresas de los países desarrollados hacia países emergentes principalmente Orientales y en menor grado de América Latina.
La mayor densidad poblacional coincide con estas geografías muchas con problemas crónicos de hambre, que gracias a su reconversión productiva hoy cuentan con recursos económicos para afrontarlo.
El impacto inmediato fue el aumento de la demanda de alimentos y su consecuente aumento de precios, que benefició las economías de los países productores de América Latina y en particular de Argentina.
La ventaja de contar con grandes praderas de clima cálido y con agua abundante le otorga a esta parte del planeta un privilegio único.
Argentina está entre los líderes en la producción de soja, donde el consumo interno es irrelevante y está en condiciones de desarrollar la mejor producción carnea del mundo en todas sus especies.
Una nueva tecnología aplicada al campo permite aumentar los volúmenes y la calidad de la producción, que acompañada de buenos precios mejoró ostensiblemente la rentabilidad del sector.
Los resultados en la economía general están a la vista, record de exportaciones, desarrollo de la industria interna principalmente la que abastece al campo, impulso a la construcción con la colocación de recursos excedentes que son ahorro genuino, incremento en la demanda de automotores, innovación tecnológica , competitividad y mejora en los niveles de empleo.
No cabe ninguna duda que la bonanza en el campo impacta más tarde o más temprano en el conjunto de la economía del país.
Sin ignorar lo que significa el deterioro de los términos de intercambio, de los productos agrícolas respecto de los industriales, y a pesar que se repite hasta el cansancio que la mayor riqueza de un país es el conocimiento, hay dos cosas que los seres vivos no podrán dejar de hacer: consumir agua y alimentarse.
Dos recursos costosos en el planeta y abundantes en esta geografía.
Con una población creciente, la disputa por la apropiación de los recursos naturales que se agotan o crecen en menor medida, será inevitable.
Este proceso de manera muy poco difundida ya ha comenzado: la compra de grandes extensiones de tierras fronterizas, fondos de inversión extranjeros dueños de pool de siembra, inversiones europeas en la producción de bienes para el abastecimiento de sus países, la instalación de puertos para despachar sus ca



Lamberto Oscar
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