12/04/2007
Inundaciones
Como diputado y senador de la Nación varias veces presenté proyectos sobre emergencias. Diría que este Parlamento tiene una tecnología de proyectos de emergencia. Con la recurrencia de las emergencias volvemos a hacer casi las mismas cosas, porque se espera de nosotros que demos respuesta a este tipo de problemas.
La provincia de Santa Fe sufre el efecto de la catástrofe. Algunas de esas imágenes se han visto por televisión: el agua invadiendo pueblos y cortando puentes. Va a pasar muchísimo tiempo hasta que la provincia pueda recuperarse de dicha catástrofe. Piensen que de las rutas troncales, hay nueve cortadas y puentes caídos. Se trata de rutas nacionales, provinciales, distritales o concesionadas, en distintas jurisdicciones. También se habló aquí de las 4 millones de hectáreas que están bajo el agua, en medio de la cosecha, de la cuenca lechera, del tema de la carne, etcétera. Esto significa que no solamente los santafecinos van a sufrir esta catástrofe, más tarde o más temprano afectará a todos los argentinos: los que no puedan transitar, los que tendrán que lidiar con la escasez de la leche y de la carne o los que tendrán menos recursos en la balanza de pagos a la hora de exportar. Por lo tanto, es un problema de todos.
Seguramente, al no cuantificar el proyecto tiene una cuota de racionalidad; yo había presentado una iniciativa que lo hacía con un fondo. ¿Cuál es la cuantificación de un desastre del que tenemos que hacernos cargo todos? Seguramente pasaríamos meses midiendo el impacto de todo esto.

El gobernador de mi provincia ha tomado en sus manos el problema en lo inmediato y salió a atender y socorrer municipios, comunas, es decir, la emergencia: la preservación de los pueblos y la recuperación de las ciudades. El intendente de la ciudad de Rosario pidió 30 millones de pesos a la provincia para afrontar la emergencia, y ésta le dio inmediatamente un cheque por ese monto. De modo que lo inmediato empieza a solucionarse a partir de las sanas finanzas de la provincia.
Lógicamente, lo que va a quedar cuando bajen las aguas va a tener impacto por mucho tiempo.
Habrá que construir nuevamente muchas rutas y atender a productores que sin ninguna duda quedarán en estado de quiebra. Muchos comerciantes que no están en ningún inventario van a quebrar.
El otro día escuchaba a un señor que decía que tiene una estación de servicio cerca del puente que se cayó y hace un mes que no vende ni un litro de nafta. Esto es algo que no está en la lista de la catástrofe, pero es el impacto que sufre la gente de mi provincia y seguramente la de las provincias inundadas.
En este punto vale una reflexión. Hace algunos años presenté un proyecto denominado “la Argentina hídrica” con el que apuntaba a que existiera una única autoridad en materia de agua en la Argentina. No tuve suerte con ese proyecto; ni siquiera tuve la suerte de que me lo rechazaran, porque nadie lo trató.
¿Por qué propongo una autoridad única en materia de agua? Porque el agua es una red compleja. En un momento aparece como un sólido, a veces en forma líquida, otras veces está en las nubes; transforma su estado. Cuando llueve se canaliza en los ríos. Cuando un campesino pone pesticidas en sus campos contamina el agua de las napas y así se contaminan los ríos, que en parte se evaporan y luego vuelve el agua en forma de lluvia contaminada. Es así que se contamina el agua potable.
Por ello no estamos en el marco, como dice la Constitución, de un recurso de las provincias. Tiene que haber un concepto de unidad, como en un momento existió con Obras Sanitarias de la Nación.
El agua es como el oasis, pero tendremos este problema del agua de aquí en adelante y durante mucho tiempo. Por ello, más que andar votando emergencias todos los años sería hora de que empezáramos a legislar con un criterio de unidad. Es cierto que, como el petróleo, el agua está en el subsuelo y es de las provincias, pero tiene que haber un esfuerzo f




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