11/04/2007
Inundaciones
I

Nuevamente las inundaciones hacen estragos en nuestra provincia. En el 2003 el río Salado se metió literalmente dentro de la ciudad de Santa Fe y para evitar que volviera a ocurrir se levantó un muro protector. Hace pocos días la ciudad se inundó con la caída de seiscientos milímetros de lluvia en una semana, y el muro levantado no permitió que el agua escurriera hacia los ríos, sólo fue posible extraerla con bombas, que además eran pocas o no funcionaban. En otras partes de la provincia las alteraciones de la geografía por la mano del hombre, canales clandestinos, terraplenes de rutas que actúan como diques, falta de dragado en vías de desagüe han contribuido a completar el desastre.

Hace cinco años, a instancias de un grupo de investigadores de la ciudad de Rosario, pertenecientes a la Asociación Civil Convicción Arte y Ciencia, y en mi condición de senador de la Nación, presenté un proyecto de ley con el nombre de Argentina Hídrica, con el que pretendía legislar sobre el agua y su compleja red de relaciones y en sus diferentes estados.

Encontramos agua en forma líquida, en mares, ríos, lagunas, debajo de la tierra, en forma sólida en témpanos y glaciares, en forma gaseosa en nubes y en la niebla. Todas integran un único y complejo sistema. Está en permanente movimiento, cambiando de estado, en un momento corre como río subterráneo que desemboca en algún espejo de agua, el sol la evapora, se transforma en nubes y vuelve como lluvia. El agua es un bien insustituible para la vida humana y sólo el tres por ciento de toda la existente en el planeta es potable. Esta condición de imprescindible y escasa le da un valor estratégico que es causa de disputas por su posesión.

En nuestro país, por descuido o por ignorancia, los constituyentes de 1994, consideraron que el agua del subsuelo pertenece a las provincias. No existe legislación que la contemple como una unidad sistémica.

Al ser tratada y administrada por partes, cada sector actúa con independencia del otro, provocando daños irreparables, el campesino que usa agroquímicos contamina las napas existentes debajo de la tierra y como el agua se desplaza y desemboca en arroyos y ríos también los contamina. La construcción de canales para sacar agua de los campos altera la capacidad de los cauces provocando desbordes e inundaciones. La tala indiscriminada de bosques o la construcción de grandes represas cambia la evaporación provocando alteraciones climáticas que van desde grandes sequías a intensas lluvias.

Con sólo fijar la mirada en esta red de relaciones, no debería dudarse de la necesidad de contar con una autoridad unificada sobre el sistema de aguas, pero lamentablemente lo seguimos tratando por partes y pagando las consecuencias.

La falta de previsión e inversiones se pagan después muy caro, con vidas humanas y tremendas pérdidas económicas, que hay que afrontar en emergencias dónde se toman decisiones, también por partes, cuyas consecuencias se verán en la próxima crisis.

El proyecto de ley sobre la Argentina Hídrica nunca fue tratado en el Senado. Como diputado lo volví a presentar y pese a las insistencias para que sea considerado, duerme un sueño de muerte en los cajones de cuatro comisiones parlamentarias.

(*) Diputado nacional (PJ)









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