14/12/2006
Debate ley emergencia 2007
Sr. Lamberto.- Señor presidente: estar durante horas escuchando un debate sobre este tema suele ser casi kafkiano. Uno escucha decir que todo está mal en el país y que por eso hay que derogar la ley de emergencia, y con los mismos argumentos se dice que todo está tan bien que hay que derogarla. Por lo tanto, hay un elemento en común: hay que derogar la emergencia porque nosotros somos la oposición, y que el oficialismo se haga cargo de mantener la emergencia.
Esta cuestión de hacernos cargo a los peronistas no es raro, es nuestro karma; históricamente siempre nos hicimos cargo de los grandes problemas de la Argentina y nos cargamos el país tantas veces como fue necesario. Hoy lo haremos una vez más. Pero creo que es importante hacer algunas reflexiones.
Si uno se para hoy en Puerto Madero o en San Telmo advertirá que la situación es muy distinta a la del año 2002: no hay cacerolazos, no hay gente rompiendo los vidrios de los bancos, hay menos marchas, hay récord de turismo, la construcción es la vedette del crecimiento económico, se hacen casas caras sin créditos, el producto de las cosechas va a parar a inmuebles, etcétera. Es decir que pareciera que en materia económica todo está fantástico. Pero no es tan así, señor presidente. Es verdad que estamos mucho mejor que hace cinco años, pero no es cierto que se terminaron todos los problemas en la Argentina.
En cada rubro o en cada sector de la actividad humana existen los brujos, que son los que nos dicen lo que va a pasar en el futuro. Cuando yo era secretario de Hacienda, en el Ministerio de Economía tenía mis propios brujos, los que todos los días me decían lo mal que iba a estar el día siguiente. Venía el econometrista, el que hacía proyecciones macro, el que hablaba de la recaudación, etcétera. Un día le pregunté a uno de ellos cuánto íbamos a demorar para salir de esa situación, y me respondió lo siguiente: “Veinte años si nos va bien, si le pegamos en el sentido de la historia y si los mercados apuntan; estas son las condiciones favorables para que en veinte años salgamos de esta situación”. Y está claro; en el largo plazo las crisis calan tan profundo que no lo mide ningún índice de precios, ni el PBI, ni absolutamente ningún indicador que diga lo bien que estamos.
En el diario de hoy apareció una noticia que pasó casi inadvertida, pero que habla de otra crisis que todavía está en la memoria de los argentinos, quizás más grave en algunos aspectos y que algunos sectores la quieren olvidar. Tres hijos de soldados de Malvinas se suicidaron al igual que sus padres. Este es el efecto de las crisis en las mentes de las personas. Y los efectos de la crisis de 2001 se verán probablemente durante 20 años si persistimos en una política que no permita cambiar el rumbo de la historia.
¿De qué estamos hablando hoy? De una herramienta de gobierno que sirva para atacar los problemas que sin duda el país tiene y que continuarán por mucho tiempo. La distribución del ingreso es el problema del que más veces se ha hablado aquí. Pero este tema también tiene que ver con los modos de producción que se están dando en el mundo. Si hablamos con los chilenos, nos dicen que les va bien desde hace veinte años pero que tienen problemas con la distribución del ingreso. Esto se repite en casi toda América Latina. Hay modos de producción que generan otras formas de trabajo y de tecnología y que han hecho perder la proporción del salario en casi todo el planeta.
Entonces, es mentira que en la Argentina esto se va a solucionar mágicamente en un año.
Por lo tanto, creo que debemos medir por resultados. Y los resultados indican que el camino recorrido ha sido bueno y que se ha puesto en marcha un proceso con hechos inéditos. A veces nos olvidamos de esto. Por ejemplo, deberíamos colocar entre las cosas importantísimas que han cambiado la historia del país el hecho de que después de treinta años nos hayamos sacado de encima el peso que implicaba que el Fondo Monetario nos




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