09/11/2006
Exposición Ley Deudores Hipotecarios


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Hace un par de meses vino a verme un señor que había contraído una deuda a través de una escribanía y me dijo que iba a perder su casa. Hoy, ese mismo señor me pidió que sancionáramos esta norma porque con ella salvaba su casa. Nadie conoce mejor sus derechos que quien está por perder su casa. Tal vez el texto de esta ley le sirva a alguien, aunque no sé si a todos. Uno nunca sabe el universo de este tipo de normas porque nunca se ha hecho un censo.
Yo fui el autor de la primera ley de suspensión de ejecución de sentencias; no recuerdo si fue en el año 1999 o en 2000, cuando la crisis empezaba. Hubo varias leyes de emergencia porque toda nuestra estructura legal está basada en la autonomía de la voluntad en los contratos. Cuando el Estado toma intervención y se mete en los contratos, seguramente altera situaciones.
Pero en este caso esa no es la única alteración. Fue una alteración la salida de la convertibilidad. También fue una alteración cuando este mismo Parlamento decidió que los que no se sumaran al canje de la deuda antes de determinada fecha no entraban, y de estos hay varios dando vueltas por el mundo.
De manera que es el Parlamento el que toma medidas discrecionales, porque es el único poder que puede hacerlo. Si nosotros estamos instruyendo a la Justicia en la solución de un problema es porque la Justicia no la encontró. Y si estamos buscando los mecanismos para terminar definitivamente con un problema y que vuelva a funcionar el mercado sin ningún tipo de ataduras, para que vuelva el crédito y para que se solucionen problemas, estamos poniendo un marco de razonabilidad.
Ese marco de razonabilidad no sale del capricho sino de hablar con los jueces y de intercambiar ideas, porque el problema está construido entre mucha gente pero debe llegarse una solución. Creo que este es un avance importantísimo: es un avance de sensatez.
Seguramente en las crisis nunca se encuentra la solución definitiva, porque cuando se soluciona un problema aparece otro nuevo. Esto ocurrió desde 1935 hasta la fecha. Creo que pasamos por seis o siete crisis. La que tengo más presente es la del año 1982, en la cual para solucionar el problema de los deudores, estando los bancos en manos del Estado, necesitamos cinco leyes. Imagínense las que podemos necesitar ahora, cuando gran parte de los deudores son del sector privado, con acreedores que muchas veces son anónimos, en escribanías que no muchas veces están en regla y que además tercerizan la cobranza de sus créditos.
Se ha hecho un gran esfuerzo y apostemos a que sea el último. Pero para esto está el Parlamento, es decir, para actuar sobre las coyunturas y solucionar los problemas ya. Gracias a las leyes que hemos ido votando, noche tras noche, la situación actual no es lo misma que la de hace cinco años. Gracias a ese esfuerzo, hoy el país está en una situación distinta.
Como dije, señora presidenta, apostemos a que esta norma sea la última. Y si no es la última, porque aparecen nuevos problemas, aquí estamos para dictar nuevas leyes y solucionarlos. Nadie tiene la varita mágica para solucionar definitivamente los problemas cuando son tan complejos y afectan tantos intereses.
Pero acá ha imperado el sentido común, de acercar a las partes y poner un límite. Alguien dijo que nosotros no podíamos fijar el valor de la moneda, cuando el Legislativo es el único poder que de acuerdo con la Constitución puede hacerlo.
¡Cuánto más podemos hacer cuando estamos acotando esto a un número definido de personas con un problema concreto, que es que se les termina el plazo dentro del cual tienen protección legal!
Entendemos que con esta norma estamos dando un paso más, y ojalá que sea el último. Si no lo es, sancionaremos las leyes que sean necesarias hasta solucionar los problemas. Para eso estamos, señora presidenta. (Aplausos.)







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